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Poner límites a los hijos desde pequeños:


Por distintas razones, los niños pierden la paciencia. ¡Como cualquier ser humano! Quizá porque desean seguir jugando, porque quieren que les compremos algo y no aceptan un “no” por respuesta o porque sienten hambre o sueño. Y por eso hacen una rabieta: un trance que puede llegar a poner incómodo hasta al más tranquilo de los adultos, especialmente si esta situación tiene lugar en público.

Y en esos momentos quizá te preguntes: ¿Es realmente bueno para el niño que se le pongan límites? Sí. Y estas son algunas razones para ponerle límites:

1.      Antes de poner el límite: Escuchar

Cualquier persona se inquieta si tiene una necesidad insatisfecha y siente que nadie la escucha, y los niños no son la excepción. Por eso, como mamá, en esos momentos puedes desempeñar un papel muy positivo para comprender qué le sucede y ser su ejemplo al enseñarle a escuchar, y esta es una de las mejores razones para poner límites.

Para hacerlo, lo mejor es agacharte a su altura para escucharle y para que vea que te interesas por él. Entonces es momento de pedirle que te explique de forma calmada lo que le pasa (porque si no, no vas a entender lo que dice) y por qué desea eso. Por ejemplo, si insiste en usar los zapatos cafés, que explique por qué los quiere en lugar de los negros. Y esto nos lleva a dos razones más para ponerle límites: sentirá que te interesa lo que le sucede y aprenderá a calmarse para hacerse entender.

2.      Poner el límite y explicar por qué

Alrededor de los tres años, un niño puede comprender razonamientos simples. También órdenes sencillas tales como “¡Ya no le pegues al gato!” Y si no deja de hacerlo hay que intervenir con suavidad, separarlo del animal y llevarlo de la mano a otra habitación para explicarle que el gato siente dolor e incluso podría morir. Luego, hay que verificar que ese comportamiento no se repita.

Otro caso es, por ejemplo, si quiere comer más caramelos. Se le puede dar uno y avisarle que es el último y cumplir con lo que se dice. Si pide más, simplemente dile "ahora no. Otro día sí, pero ahora no porque te dolerá el estómago".

A esta edad no hacen falta grandes conferencias ni severas reprimendas para cosas de todos los días. Solo escuchar, explicar el problema y su solución y quitar al niño con amor pero firmemente de la escena. Y esto tiene que ver con la cuarta razón para poner límites a los hijos desde pequeños: tienen que saber, entender y asimilar que sus acciones tienen consecuencias en los demás y en sí mismos.

Es probable que, al darse cuenta de que no comerá más dulces o que ya no jugará con el  gato, le cause una crisis de llanto. Esto no es malo en sí mismo y se le puede dejar llorar un tiempo razonable, dándole amor y distrayéndolo con otra cosa. Simplemente tu hijo se está deshaciendo de la tensión que le produjo esa frustración.

Permanece con tu hijo hasta que recupere su calma y su capacidad de escuchar y esté más colaborativo para entender la situación, si es que vuelve a preguntar por ello. Si no lo hace, ¡a jugar y a otra cosa!

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