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Todo lo que necesitas saber de los biberones ¡Sal de dudas!


Los biberones se fabrican con vidrio o plásticos que resisten altas temperaturas sin degradarse ni liberar sustancias que puedan pasar a la leche.
 
Con los biberones estrechos y largos es más fácil un exacto ajuste de la cantidad de agua al nivel deseado.
 
Las tetinas deben ser suaves al tacto, blandas para poder adaptarse bien a la boca del niño, y con un orificio especial para evitar que al chupar se haga el vacío dentro del biberón.
 
Hay tetinas de látex y de silicona, el látex es un caucho natural que tiene el inconveniente de degradarse y coger mal aspecto con el uso, cosa que no ocurre con la silicona, que en contrapartida es menos elástica y resistente a los mordiscos.
 
Si el orificio de la tetina tiene un tamaño adecuado, la leche debe gotear bastante rápidamente, pero no a chorro. Un orificio pequeño puede dificultar la toma y hacerles tragar mucho aire, y con uno demasiado grande, se pueden atragantar o acaban tan pronto que no satisfacen la necesidad que tienen de chupar, además de alimentarse.
 
¿Cuando es necesario agrandarlo? Por ejemplo si el pediatra ha mandado espesar la leche para disminuir las regurgitaciones, se puede hacer con una aguja al rojo vivo, que se manipula sin peligro de quemarse clavando su cabeza en un corcho.

Limpieza:
Siempre hay que lavarse bien las manos antes de manipular alimentos.
 
Los biberones y tetinas deben lavarse con agua y jabón antes e inmediatamente después de cada uso, empleando un cepillo especial para eliminar cualquier resto de leche que pueda haber quedado y que se contaminaría fácilmente.
 
Es prudente hervir la tetina una vez al día, pero la costumbre de hervir todo en cada toma es innecesaria y carece de sentido a partir del momento en que el bebé empiece a llevarse todo a la boca.
 
Los métodos químicos de esterilización se anuncian como muy efectivos, pero los microbios que puedan quedar en un biberón usado normalmente tras mantenerlo cinco minutos en agua potable hervida son inofensivos.

Preparación de los biberones:
Los biberones deben prepararse siempre según las proporciones recomendadas, generalmente 30 mililitros de agua por cada medida de leche. Poner más, como a veces se hacía en un intento de sobrealimentar al niño, puede ocasionar su deshidratación; poner menos es engañar su apetito con agua.
 
Para ser exactos, es mejor no trabajar con medias medidas y cuando conviene aumentar el volumen de un biberón, hacerlo en 30 mililitros de agua y una medida completa de leche, aunque el niño no se lo vaya a acabar todo. Las medidas deben ser rasas y sin comprimir.
 
Se empieza por llenar el biberón hasta el nivel deseado y luego se añade la leche en polvo que corresponda, y no al revés. Existe cierta tendencia a equivocarse invirtiendo el orden (poniendo primero la leche y completando hasta el nivel, con lo que entra menos agua de la debida), porque la forma habitual de evitar que se formen grumos en una disolución, es prepararla con un pequeño volumen de líquido más caliente, agitarlo un poco y luego añadir hasta completar. Para preparar los biberones, este truco sólo puede utilizarse si previamente se ha comprobado cuál es el volumen final de leche que se obtiene.
 
Existen termómetros para comprobar que el biberón esté a la temperatura ideal, es decir, los mismos 36 ó 37ºC del cuerpo humano y la leche materna; pero lo más importante es comprobar que no estén demasiado calientes, vertiendo sus primeras gotas en el dorso de la mano, tras agitarlo para repartir uniformemente el calor. Si los aceptan igualmente bien, no hay inconveniente en que los tomen a temperatura ambiente; muchos lactantes mayorcitos los prefieren más bien fríos. Los microondas no distribuyen bien el calor y calientan menos el recipiente que su contenido, con lo que es fácil abrasar la boca de un bebé con la leche de un biberón que por fuera está frío. Por eso, es más recomendable calentarlos bajo un chorro de agua caliente, al baño maría o por medio de un calienta biberones.

Conservación:
  • Nunca se deben guardar las sobras de una toma para otra, ni siquiera en la nevera.
  • La leche se contamina relativamente pronto a temperatura ambiente. Siempre es preferible conservar los biberones preparados en el refrigerador.
  • Utilizar un calienta biberones para mantenerlos tibios hasta la hora de la toma aumenta la posibilidad de contaminación microbiana.
  • Cuando se preparan biberones para todo el día, conviene extremar las medidas higiénicas y esterilizarlo todo muy bien, con un método químico o hirviendo durante cinco o diez minutos biberones y tetinas, por un lado, y el agua, por otro.
  • Una vez preparados, se cierran tapándolos con las tetinas hacia adentro y se conservan en la nevera.

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